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Lupa Regional

El vórtice de corrupción y malos funcionarios es infinito

Orlando Oliveros habla en Caracol Radio Cartagena sobre la situación de la alcaldía de la capital de Bolívar.

En estos momentos, la mejor decisión que puede tomar Manolo Duque por Cartagena es renunciar a su cargo como alcalde electo y permitir que se convoquen nuevas elecciones. Manolo, hoy preso en una cárcel de Sabanalarga, tiene que darse cuenta de que la interinidad poco o nada le sirve a la ciudad, pues los alcaldes encargados son designados por las conveniencias de los políticos y no por las conveniencias de la gente.

Esto significa que los intereses de Sergio Londoño Zurek, actual alcalde encargado de Cartagena, responden más a los intereses del presidente Juan Manuel Santos que a los de los cartageneros. Santos, a quien le reconozco su esfuerzo por lograr unos acuerdos de paz con las guerrillas del país, es también un político neoliberal cuyos actos de gobierno se han relacionado siempre con la privatización, la desfinanciación de la educación pública y los vínculos con las oligarquías regionales de Colombia.

En Bolívar, es sabido que Santos es un aliado estratégico de la familia García, famosa por su poderío político en gran parte de la Costa Caribe. Londoño Zurek, comprometido por estas conexiones, nombró como Secretaria de Infraestructura a Clara Calderón y se ha negado a reestructurar la gerencia de Edurbe, hoy en manos de Alfredo Bula. Tanto Calderón como Bula están vinculados con la familia García, lo cual nos conlleva al acostumbrado círculo vicioso en el que nos gobiernan los mismos y en el que la democracia es sustituida por un drama de titiriteros. El caso de Bula posee un agregado particular: pronto será quien ejecute los 1,5 billones de pesos necesarios para llevar a cabo el plan maestro de drenajes pluviales.

¿Cómo puede Londoño Zurek gobernar para la gente si se encuentra ocupado gobernando para unos pocos? ¿Cómo puede ser la interinidad una solución si quienes mandaban tras Manolo siguen mandando tras el alcalde encargado? ¿Será que creen que los cartageneros somos tontos, que no peleamos y nos dejamos meter con gusto el dedo en la boca? ¿Qué concepto burlón tendrán de nosotros las personas que en este país mueven los hilos del poder?

Creo que ha llegado la hora de demostrar que no somos seres apáticos ni indefensos. Sé que dentro y fuera de Cartagena se dice que esta ciudad está irremediablemente jodida, que no tiene salvación y que el vórtice de corrupción y malos funcionarios es infinito. A veces, nos han vendido la idea de que no vale la pena luchar por este territorio nuestro, de que es inútil sostener una ardua batalla contra la opresión y el servilismo politiquero. Nos han querido convencer de que si deseamos triunfar más nos vale largarnos de Cartagena y progresar afuera, porque a este mal llamado Corralito de piedra no hay quien lo arregle.

Esas ideas ya no tendrán cabida en nuestra cabeza, no le otorgaremos el menor espacio a la resignación. Este momento de crisis que hemos estado viviendo desde hace mucho tiempo, no debe aburrirnos sino que debe servir para sacar lo mejor de nosotros, para demostrar que el poder del pueblo no es una ficción constitucional, sino una realidad concreta y revolucionaria. A Cartagena vale la pena lucharla. Y si por estos días Manolo Duque no se decide a renunciar para que se convoquen nuevas elecciones, será el pueblo quien lo renuncie, porque si la historia no nos concede un instante de dignidad, seremos nosotros quienes nos apoderaremos de la historia.

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