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El papa Francisco, al rescate de las vocaciones

En el estadio La Macarena en Medellín se llevó la reunión entre el papa con sacerdotes, religiosas, consagrados y consagradas.

Durante un encuentro con sacerdotes, religiosas, consagrados y consagradas, seminaristas y sus familias en el estadio La Macarena en Medellín, el papa Francisco expresó su complacencia por las vocaciones que se presentan en el país.

“Muchos de ustedes, jóvenes, habrán descubierto este Jesús vivo en sus comunidades de un fervor apostólico contagioso, que entusiasman y suscitan atracción. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas; la vida fraterna y fervorosa de la comunidad es la que despierta el deseo de congregarse enteramente a Dios y a la evangelización”.

Añadió que los jóvenes son naturalmente inquietos y si, bien hay una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se consagra a Dios.

“Somos hombres y mujeres reconciliados para reconciliar. Haber sido llamados no nos da un certificado de buena conducta e impecable; no estamos revestidos de una aureola de santidad. Todos somos pecadores y necesitados del perdón y la misericordia de Dios que levantarnos cada día; Él arranca lo que no está bien y hemos hecho mal, lo echa fuera de la viña y lo quema. Nos deja limpios para dar fruto. Así es la fidelidad misericordiosa de Dios para con su pueblo, del que somos parte. Él nunca nos dejaría tirados al costado del camino, Dios hace todo para evitar que el pecado no venza y cierre las puertas de nuestra vida a un futuro de esperanza”, además puntualizó el papa Francisco que “ No hay vocación. Que estemos en crisis es cuento chino”, afirmó el papa durante el encuentro con sacerdotes en Medellín.

Añadió que “hay que permaneces en Cristo para vivir en la alegría: sí permanecemos en Él, su alegría estará con nosotros. No seremos discípulos tristes y apóstoles marginados. Al contrarios, reflejaremos y portaremos la alegría verdadera, el pozo pleno que nadie nos podrá quitar, difundiremos la esperanza de la vida nueva que Cristo nos ha traído. El llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegría. Dios no nos quiere sumidos en la tristeza y el cansancio que vienen de las actividades mal vividas, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestra fatigas”, concluyó el sumo pontífice.

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