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La historia de doña Lorenza, la 'matrona' que conmovió al papa Francisco

La humilde mujer lidera un comedor infantil, y será visitada por Su Santidad este domingo.

Lorenza María Pérez tiene 77 años, y hace 52 años vive en San Francisco. Esta matrona, morena, conversadora, y con risa contagiosa, le brinda almuerzo diariamente a 85 niños del barrio, sin recibir nada a cambio. Este domingo, el Papa Francisco bajará de su vehículo en la esquina de su calle, y caminará entre los vecinos, para entrar a la casa de Lorenza, saludarla, y bendecir su comedor.

Lorenza inició su comedor infantil en la parroquia del barrio, pero un sacerdote la sacó de allí. Paradójicamente, el líder de la Iglesia Católica, entrará a buscarla a su propia casa, enclavada en uno de los sectores más pobres de La Heroica, entre las faldas de La Popa y la ciénaga de La Virgen.

“Con los niños tengo un comedor, que empezó en la parroquia. Una olla comunitaria. Pero un sacerdote nos sacó de allá, y me dijeron que me lo tenía que traer para mi casa. Yo no quería el comedor en mi casa pero El Señor me dio un tapaboca, yo no tenía oficio y Dios me mandó oficio. Y empecé a trabajar en la intemperie”, cuenta Lorenza, entre risas.

A los niños, Lorenza les da su almuerzo diario: Unos días arroz con carne molida, otros fríjoles o lentejas, e incluso pastas con atún. “Me apoya gente que le nace, nos está ayudando una pareja de Bocagrande, de apellidos Isaac Trespalacios, además de otras familias y un grupo de tenderos. Nos traen alimentos quincenalmente, nos traen carne, un bulto de arroz, y lo que nos pueden mandar”, relata.

A Lorenza le cuesta creer que su casa será visitada por el Santo Padre. “Todavía no lo creo, hasta no verlo en frente, ¿sabe lo que es tener en mi casa al Papa? ¿En una casa tan humilde, en el barrio San Francisco, y el Papa venir a la casa de Lorenza, de una humilde señora? ¿Pero quién es Lorenza? Lo último que podía pensar en mi vida, es que Lorenza estuviera haciendo algo que llegara tan lejos”, narra sentada en un mecedor, en la sala de su casa.

Afirma Lorenza que todo comenzó con la visita del arzobispo Jorge Enrique Jiménez, de sorpresa. “Yo le dije “monseñor usted es malo, ¿por qué vino a mi casa sin avisar? Me sorprendí, ¿monseñor en mi casa? Pero si él en la iglesia lo saluda de lejos, ¿esto qué es? Y empezó a preguntarme por la olla comunitaria. Y a los ocho días, llegó una cantidad de obispos extranjeros. Y después otro grupo de gringos, diciéndome que yo, esta vieja maluca, era famosa en Europa”, afirma doña Lorenza.

Su casa está recién pintada, pero le pidieron que no la retocara, que el Papa quería conocerla tal cual era. “Mi casa con lo único que está preparada es con bendiciones. No tengo recursos para ponerla bonita, solo pinté con Promical. Si el Papa me encuentra con esta bata que tengo, estoy bien”, dice riéndose.

Doña Lorenza deja ver su humildad al responder sobre las peticiones que le hará a Su Santidad cuando lo tenga al frente, en la sala de su casa. “Lo único que necesito es salud y amor, lo único que le voy a pedir al Papa es que ore por mí, para que tenga salud y poder continuar con esta labor con los niños hasta que el señor lo permita”, concluye.

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