A Vivir Que Son Dos Días

Andrés López

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Mujeres con tesón

Cuatro mujeres que trabajan en las unidades de Producción Planta y Mantenimiento de Cerro Matoso como operadoras y mantenedoras, son testimonio vivo de que es posible la integración entre la vida familiar, personal, social y del trabajo.

Como parte de los desafíos planteados por la diversidad de género en el trabajo y específicamente en el sector minero a nivel mundial, Cerro Matoso, a través de su estrategia de inclusión, impulsa un ambiente de trabajo participativo y promueve una cultura de trabajo favorable a la incorporación de la mujer en la minería.

Diana Luz de Hoyos Caldera – Planta de Recuperación

Cuatro mujeres que trabajan en las unidades de Producción Planta y Mantenimiento de la empresa como operadoras y mantenedoras, son testimonio vivo que es posible la integración entre la vida familiar, personal, social y del trabajo. Igualmente, ellas han demostrado que con persistencia es posible desafiar los estereotipos de género que hay en el sector. Agradecen la oportunidad de trabajar en la empresa, de generar un mejor porvenir para sus familias y saben que han contribuido a abrir camino para que la minería sea también un lugar para mujeres.

“Nuestra fortaleza en la minería se demuestra con hechos, que vean que somos capaces de trabajar y hacer cualquier cosa que nos pongan, salir adelante. De lo femenino propiamente, aportamos organización al trabajo”. Ingrid Estella Ortiz Pérez – Operadora cuarto de control Preparación de Mineral

Con esfuerzo y persistencia adelantó su formación en el SENA como Técnico en Soldadura, patrocinada por Cerro Matoso. Hace un año hizo prácticas con la empresa y ahora está vinculada como soldadora. Es de la vereda Puerto Colombia, vecina a la operación. “Estuve a punto de retirarme del estudio porque tenía que atender un hogar con dos niñas y un bebé de siete meses, me tocaba caminar mucho para ir a clases a Montelíbano. A veces me daban ‘chance’. Mucha gente me decía que siguiera adelante por mis hijos”. Con voluntad y alentada por su comunidad, Diana venció ese obstáculo y también a los escépticos que le decían que el trabajo de soldador está hecho para hombres. “Lo hice y aquí estoy”. Diana asegura que Cerro Matoso es una segunda escuela, destaca la unidad del equipo de Planta de Recuperación y se siente orgullosa de ser la primera mujer de Puerto Colombia que trabaja en la empresa.

"Al igual que sus compañeras, Ingrid ha tenido que enfrentarse a la incredulidad de las personas que piensan que las mujeres no sirven para apretar un tornillo. “Por fortuna, en Cerro Matoso hay muchas herramientas con las que uno puede ayudarse para desempeñar tareas como levantar cargas y apretar tornillos”. Shirley Vanessa Bustos Mejía – Mantenedora mecánica secadores

Es tecnóloga en Administración de Empresas y en Mantenimiento Electromecánico Industrial del SENA, oriunda de Montelíbano. Estudió patrocinada por Cerro Matoso, hizo prácticas en la empresa y trabajó con diferentes firmas contratistas antes de ocupar su actual posición. Cuenta que su supervisor y sus compañeros están atentos a despejar cualquier inquietud referente a sus tareas y que la relación con ellos es de mucha confianza y respeto. Ingrid piensa que para las mujeres tener una oportunidad de empleo crea valor para la sociedad y está convencida de que “somos capaces, tenemos la responsabilidad y el carácter. Trabajar nos permite crear seguridad y autoconfianza en nosotras mismas, que no creamos que para ir a campo no tenemos la fuerza o el conocimiento”.

“Me dijeron que ser soldadora era difícil, que era un trabajo de hombres, pero yo pienso que es mejor asumir retos en la vida y no darse por vencido al primer obstáculo que se presente. Le doy gracias a Dios por esta oportunidad y le pido que me la conserve por muchos años. Pienso seguir educándome, me gustaría estudiar salud y seguridad ocupacional y ya me metí a ECO 24/7, así que por algo uno empieza”. Yarlenis Yepes – Mantenedora mecánica refinería

Es Técnica en Soldadura del SENA, formación que adelantó gracias a la empresa. Hizo prácticas en la misma área, entonces, cuando comenzó a trabajar, ya sabía cómo funcionaba. Está convencida de que con el trabajo, la calidad de vida familiar mejora y piensa que con empleo puede fijarse metas y mirar hacia un futuro. Sueña con tener una casa, educar a su hijo y seguir estudiando. “Las mujeres somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos, somos disciplinadas, dedicadas. No somos débiles: las limitaciones están en la mente, podemos hacer todo igual que los hombres”. Shirley cuenta que tanto su supervisor como sus compañeros la han acogido con mucha calidez.

“Quisiera hacer un curso de mecánica y estudiar inglés. Quiero ser reconocida porque mi trabajo sea el mejor, para en un futuro quedarme aquí en Cerro Matoso”.

Antes de cursar soldadura en el SENA, comenzó una técnica en enfermería, la cual no pudo terminar por temas económicos. Fue su propia madre quien la motivó a estudiar soldadura, pero ella no sabía de qué se trataba. “Antes del examen me puse a ver videos de soldadura, a estudiar y el día que nos presentamos para el examen me preguntaron todo lo que salía en los videos y pasé. Ya en el curso, estaba ansiosa porque llegara la práctica, pero cuando prendí el electrodo por primera vez me asusté”. De su experiencia en Cerro Matoso está orgullosa. Entró al mismo grupo en el que hizo antes las prácticas y ya conocía a sus compañeros y a su jefe, con los que trabaja en equipo, de ellos aprende continuamente para desempeñar su labor con excelencia. Gracias a su trabajo, ella, la mayor de cinco hermanos es el soporte económico de su familia y le está construyendo la casa a su mamá, su ‘angelito de la guarda’.