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Viaje al corazón del caribe

Los Montes de María que florecen entre el desminado humanitario

En esa subregión se encuentran historias entre las comunidades y los infantes de marina que desarrollan el desminado humanitario.

Miembros de la Armada Nacional en labores de desminado / ()

Casi tres décadas después de que en la vereda Cocuelo, en El Carmen de Bolívar, todo pasara de los verdes pastizales, aroma de café y próspera vida del campo, al silencio ensordecedor del conflicto armado que marchitó todo lo existente, aún, en medio de la paz de la que todos hablan hoy en Colombia, pero que mantiene la amenaza latente de las minas antipersonas que en solo segundos arrebatan partes del cuerpo y hasta la vida, en la Serranía de San Jacinto luchan por reconstruir su historia, convirtiéndose en un verdadero ejemplo de paz.

Ahí, a los Montes de María, donde se recrudeció la guerra que apagó la vida de miles de personas y desbastó los campos, llegó la expedición ‘Viaje al corazón del Caribe’ de Caracol Radio para descubrir las historias que se escriben entre las comunidades y los infantes de marina que adelantan el desminado humanitario que está descontaminando los sueños de esa subregión que en las últimas décadas solo respiró entre olores de explosivos, botas de enemigos y muerte.

Una de esas historias la escriben Doris Luna Monte y su hijo Luis Rafael García Luna, campesinos que habitan en la finca Las Marías donde hace apenas dos semanas la compañía de Desminado Humanitario de la Armada Nacional desactivó un balón bomba y una granada de 60 milímetros que desde hace diez años estaban enterrados en la zona para acabar con la vida de militares o la misma comunidad.

Esa finca fue utilizada por los insurgentes como campamento, de ahí desplazaron a una familia entera que cuando se rehusó a ser víctima tuvo que ver morir sobrinos, padres y hermanos y pasar las noches entre vasijas de barro ocultándose de las balas que llovían sobre sus cabezas como si estuviesen en invierno.

Hace varios años ver en Las Marías a Doris y Luis Rafael sentados tomándose un café con los infantes de marina o cualquier otro militar era una pesadilla que les costaba sangre, hoy es una escena que a diario se repite en medio de risas y mesas llenas de comida que los integran.

“A mí me tocó someterme a cosas que no quería. En dos ocasiones me tocó averiguar la ubicación del Ejército y esta gente los emboscaba y los mataba, pero si uno no lo hacía entonces lo mataban a uno y por eso me tocó huir con la familia para no morir ni ayudar a que mataran a otros inocentes”, así es como Luis Rafael explica por qué hoy tomarse ese café con los militares es para ellos la felicidad.

Hace siete años esta familia retornó a su hogar y lo hicieron llenos de miedos pero con la fe puesta en las labores de la Armada Nacional que se ha quedado ahí custodiando la reconstrucción de esa región. Uno de esos grandes temores eran las minas antipersonas que la guerra dejó sembradas entre sus parcelas, viviendas y escuelas, pero que gracias a la labor de 174 infantes de marina no han vuelto a cobrar la vida de nadie.

“En esta zona donde se han identificado más de 600 víctimas de las minas entre civiles y militares, tenemos 12 municipios asignados. El grupo que dirijo tiene hombres entre 22 y 35 años de edad que desde las 6:30 de la mañana está en el campo descontaminando la zona”, explica el capitán de Infantería de Marina Jorge Mario Melo Jiménez, comandante de la compañía de Desminado Humanitario de la Armada Nacional.

En Montes de María han sido destruidos 78 artefactos explosivos como el balón bomba o la granada que amenazaban a la familia de Doris y Luis Rafael. Detectar esos peligros no se logra tan fácilmente, es una tarea que a diario solo le permite avanzar 10 metros a cada grupo táctico debido a que requiere la implementación de siete cuidadosos pasos cada vez que el detector de metales alerta sobre un elemento que la gran mayoría de veces solo es una huella de que por ahí pasó un objeto de guerra.

En esta región, las minas antipersonas se han encontrado ocultas en tarros de Chocolisto, cilindros, botellas, balones, zapatos y muchos otros elementos que parecen a simple vista inofensivos pero que llevan hasta 12 años ahí esperando para dañar a alguien.

Gracias a labores como las del capitán Melo y sus hombres es que los habitantes de Montes de María no han abandonado sus hogares para huir de los rastros que el conflicto dejó en estas regiones, pero ha sido una tarea que ha tenido como principal obstáculo el miedo colectivo que dejaron los insurgentes en las comunidades y solo con el tiempo, la eliminación segura de esos balones bomba y el compromiso social de los uniformados amigos es que se ha vuelto a respirar el aroma del campo y se han desminado los sueños de las familias de la Serranía de San Jacinto.

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