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Iván Mejía y César A. Londoño

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Viaje al corazón del caribe

Cartagena, la ciudad que le permitió a Gabo descubrir el Caribe

Diálogo con Gustavo Arango, escritor caleño, residenciado por muchos años en La Heroica.

Monumento 'Las Botas Viejas'.

Monumento 'Las Botas Viejas'. / Twitter de Corpoturismo

Cartagena es la meca de la inspiración de Gabo, la ciudad que cambió su visión del mundo y su manera de escribir, y muy posiblemente, el lugar que aportó la mayor inspiración para su obra cumbre: Cien años de soledad. El concepto es del escritor, Gustavo Arango, periodista y escritor caleño.

Arango no fue amigo íntimo de Gabo, pero recuerda que fue en el bachillerato, cuando le asignaron 'La Hojarasca' como lectura del años escolar que conoció la obra del Nobel. Una vez graduado, siguió leyendo la obra de Gabo, pero el interés mayor se despertó durante sus estudios de Comunicación Social en Medellín, leyendo los famosos 'Textos costeños entre cachacos' que escribió Gabo en El Universal y El Heraldo.

Fue precisamente en ese primer diario en donde tuvo la oportunidad de trabajar y conocer más del nobel, y en donde aprendió que Cartagena, La Heroica, sería la musa de la inspiración de Gabo. "Eso se ha demostrado de muchas maneras, desde el primer momento en que Gabo pisó Cartagena, entró en un lugar distinto, diferente, por su arquitectura, su ambiente, era como entrar a un lugar donde la imaginación y la realidad se combinaban", cuenta Arango.

Gabo llegó a Cartagena después de vivir la época de la violencia en Bogotá luego de la muerte de Gaitán, y es sabido que en 'Vivir para contarlo' Gabo asegura que cuando llegó a Cartagena volvió a nacer. Para Arango, es suficiente este pequeño fragmento para darle el sitial que La Heroica merece en la historia de nuestro nobel, "en Aracataca nació, pero Cartagena está en sus novelas, es una ciudad a donde siempre volvió y en donde permanecerá para siempre".

Este escritor y periodista, debía plasmar su afición y admiración por Gabo en unas página, "era una necesidad imperiosa, si no lo hacía yo lo hacía otra persona", cuenta. Así fue como nació 'Un ramo de nomeolvides', la famosa flor cuyo nombre más extendido es el de Miosotis. "Primero escribió Jorge García Usta, haciendo análisis de contenido, y le seguí yo, que hice un relato novelado de los casi dos años que Gabo pasó en Cartagena, era una necesidad", relata Arango.

La novela se hizo con base en entrevistas a personas que conocieron a Gabo y compartieron con él en la ciudad, cómo apartar a Clemente Manuel Zabala, mencionado en el prólogo de 'Del amor y otros demonios', en ese punto se demuestra para muchos analistas, la importancia y trascendencia de esos dos años vividos en La Heroica. Arango asegura que en compañía de Héctor Rojas Herazo y Oscar y Ramiro de la Espriella, más otras personas "le enseñaron como escritor, como lector y contribuyeron a su formación política, el aprendizaje fue muy intenso".

La Cartagena de la época no era la más amigable para Gabo, en ese entonces era una ciudad cerrada a sus apellidos, respetuosa al extremo de los abolengos y poco abierta a las personas que como Gabo, venían a ganarse el mundo a La Heroica. "Eso pesó en su vida, pero a medida que se fue adentrando en su obra y que Cartagena se internacionalizó, el nobel descubrió que este es el lugar central para sus amigos en Colombia y de otros países", cuenta Arango.

Gabo estuvo tan ligado a Cartagena que en tal vez el momento más importante de su vida, cuando ganó el premio Nobel, dijo que quería comprarse una casa frente al mar y comprar un periódico. "La casa, la compró aquí en Cartagena y no fundó un periódico pero creó la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, la FNPI. De tal manera que Cartagena se convirtió en el eje central para Gabriel García Márquez", dice Arango.

En su escritura Gabo reflejó lo que fue Cartagena en su carrera, definitivamente un punto de inflexión. Para Arango, los escritos del nobel antes de La Heroica eran cuentos abstractos, sin el 'Caribe' que se aprecia en las obras posteriores. "Cartagena le permitió descubrir el Caribe, la cultura popular, descubrir la música, las tradiciones orales elementos que al principio no había apreciado", cuenta Arango.

Clemente Manuel Zabala es un catalizador a lo que fue la expresión escrita de Gabo, cuenta Arango que su editor en el diario El Universal le enseñó la llamada 'Poesía de la realidad', "que no es más sino alejarse de los cuentos fantásticos, metafísicos, y mirar la realidad como fuente de creación literaria. Lo invitó a romperle el cuello al cisne, como se decía en la época, es decir, a no escribir de manera adornada sino crear un estilo más simple con trascendencia poética notable", asegura Arango.

Así, Gabo, el jovencito inquieto, inteligente que llegó a probar suerte a Cartagena, se fue de La Heroica con un claro camino trazado hacia su gran propósito, ser el mejor escritor. Nuestro nobel, que por aquella época deambulaba por las callecitas de Cartagena en ropas maltratadas, de quien se burlaban sus amigos por sus ropas estrambóticas, hoy reposa eternamente en la memoria del mundo entero, y en las páginas escritas por Arango, en 'Un ramo de nomeolvides'.