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Darío Arizmendi

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PROCESO DE PAZ

"Estamos listos para reincorporarnos a la sociedad y seguir el camino del bien" Exfarc en el eje Cafetero

379 guerrilleros en las cárceles de La Dorada, Manizales, Riosucio y Pereira deberán salir libres de acuerdo a la ley de amnistía. Todos sueñan con trabajar y ver por sus familias.

Exclusiva Excombatientes de las Farc en las cárceles del eje Cafetero esperan que en las próximas semanas puedan dejar las prisiones y reincorporarse a la libertad.

Excombatientes de las Farc en las cárceles del eje Cafetero esperan que en las próximas semanas puedan dejar las prisiones y reincorporarse a la libertad. / Foto/archivo/Caracol Radio

Por los pasillos de las cárceles en el eje Cafetero deambulan unos 379 hombres que años atrás vestían camuflados, botas de caucho, mejor conocidas como pantaneras, y gorras que además sostenían una pañoleta con la que se secaban el sudor y en ocasiones cubrían sus rostros.

En esas épocas cargaban fusiles a sus hombros, caminaban largas trochas trepando y descendiendo montañas; bajo un infernal calor o una inclemente lluvia. Son excombatientes de la Farc que ya no accionan sus armas para derramar la sangre de su enemigo, si no que a diario, según ellos, reflexionan en medio del encierro que deben soportar como castigo por haber sido militantes de esa guerrilla.

“Voy para 14 años, llevo 13 y seis meses. Acá tengo el apoyo de mis hijos, mi esposa y muchos amigos y conocidos que me han acompañado y me han dado la mano. Gente a la que ahora no le puedo dar mal pago”, comenta uno de los excombatientes presos, mientras mira hacia el techo y hace las cuentas del tiempo que lleva en prisión.

Esos 379 exsubversivos están divididos Así: 154 en la cárcel Doña Juana de La Dorada, 157 en La 40 de Pereira, 53 en la de Riosucio (Caldas) y 15 en la Blanca de Manizales.

Estos excombatientes de las Farc serán cobijados con la ley de amnistía que acordaron en la Habana (Cuba), El gobierno colombiano y ese grupo guerrillero, como parte de los acuerdos de paz. Esto significa que el estado debe cumplirles y en pocas semanas saldrán a la libertad.

Algunos de los subversivos no hablan de recobrar la libertad, pues cuando estuvieron en las filas de la guerrilla no eran del todo libres. Estaban reclutados en esa organización, entre algunas causas, por el abandono del estado a los territorios alejados de las ciudades capitales lo que durante décadas ha generado falta de oportunidades educativas, laborales, entre otras.

“La llegada a la organización de las Farc fue por falta de mejores oportunidades. Hubiera querido estudiar, entrar a la universidad, haber tenido una mejor condición para darle una vida digna a mi familia”, relató otro de los exguerrilleros.

Hoy estos hombres tienen un discurso unánime, hablan de perdón y camino del bien. Perdón al estado por las fallas del pasado que los convirtió en víctimas del conflicto y a la vez en victimarios por que causaron daño a la población civil, la misma a la que también le piden perdón y le prometen que ahora trabajaran por construir un futuro y contribuir a una paz estable y duradera.

“Tengo muchos proyectos por delante. Mantengo muy presente a mi mamá, mis hijos y mi esposa. Quiero un proyecto propio, tengo a mi familia y con ellos puedo formar una microempresa o trabajar una sociedad”, expresó un excombatiente, quien agregó que confían en los acuerdos y se ilusiona con las ayudas que les prometió el gobierno para poder dejar la prisión y después de varias décadas dedicar su vida al trabajo, a sus cuatro hijos y al resto de sus seres queridos.

Hoy estos 379 exguerrilleros, lucen prendas ligeras. Pantalonetas, camisetas, chanclas o tenis y caminan de una celda a un patio. Toman el sol cuando lo desean y no tienen que soportar las inclemencias del clima. Aseguran que la prisión y la reflexión les permiten estar listos para afrontar una nueva vida.

Tienen fe en que el gobierno les va a cumplir y esperan ansiosos el día en que algún funcionario del gobierno, delegado de las Farc o un guardián del Inpec llegue con la noticia que les permitirá caminar por última vez los pasillos de esos penales, rumbo a reclamar la boleta de libertad y abrir los brazos para abrazar fuera de los muros y las rejas a sus motores vida.

“Lo que más quiero es salir y abrazar a mis hijos que hace mucho tiempo no los veo. Todos estamos muy felices. Dios quiera que nos cumplan. Hay que esperar todo lo bueno”, concluye uno de los presos, que en pocas semanas, deberá reincorporarse a la sociedad.

*Con información y aportes de la Universidad Nacional (sede Manizales).