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Colombia y Panamá, una frontera hermana con múltiples problemas

Los proyectos conjuntos e individuales también han logrado mantener vigentes los lazos políticos y demográficos,

Colombia y Panamá comparten una frontera de 266 kilómetros, de largos episodios de historias e innumerables problemas sociales, económicos, y recordados hechos políticos como el propio hecho de la separación del istmo. Esa larga historia de amores y desamores se cimienta en la cercanía de sus pueblos y la convicción de sus comunidades de que se trata de gente hermanada por una tradición y hasta por lazos de sangre, tradición ancestral y cultura.

Desde su separación, en noviembre 1903, Colombia y Panamá han tratado de mantener firmes esos lazos, esas tradiciones, esa cercanía pero también han tenido que afrontar espinosos caminos para consolidar la hermandad, la diplomacia y las relaciones que hagan más vigorosa la coexistencia en la región latinoamericana y de puente entre la Esquina de Suramérica y la extensa Centroamérica.-

Los proyectos conjuntos e individuales también han logrado mantener vigentes los lazos políticos y demográficos, y como naciones hermana no están ausentes los problemas como los más recientes en los que el gobierno del istmo recurrió al cierre de su frontera con su vecino de Colombia en virtud de los sensibles incrementos en la imparable migración internacional hacia Centroamérica y los Estados Unidos en los días previos a la era Trump.

Miles de extranjeros, especialmente de origen cubano, pero también haitianos, africanos de diferentes naciones, atiborraron los territorios fronterizos, especialmente del lado colombiano –en poblaciones como Turbo y Apartadó, en Antioquia, como también en Sapzurro, Acandí y Capurganá, en Chocó, en Colombia- y La Miel, en el lado panameño. Poblaciones migrantes que generaron alteraciones en el orden públicos de esas localidades, en los días en los que Estados Unidos vivía el fragor de la campaña presidencial y se incrementaba la ansiedad de los extranjeros por interés de llegar al país del norte antes de que las urnas decidieran el futuro de la política migratoria norteamericana.

Muchos lograron el paso hacia Centroamérica, hacia México y los Estados Unidos, en una suerte de ruleta que los llevaría a resolver su futuro y el de sus familias antes de la llegada del nuevo presidente de Estados Unidos. Otros fueron deportados, muchos debieron regresar al sitio de donde procedía a su ingreso a Colombia.

Llegado enero y definido el panorama político de los Estados Unidos, pese la tensión por las decisiones sobre la nueva política migratoria en los Estados Unidos, que retira los apoyos a los migrantes que llegan a ese país, los cubanos –aunque en menor cantidad- no cesan de atravesar Colombia, y luego a través de la zona de Urabá, prosiguen hacia Centroamérica a tratar de conquistar el sueño americano.

En el muelle El Waffe, del municipio de Turbo, Antioquia, siguió observándose ese movimiento de extranjeros especialmente isleños, que llegan a esta localidad de Urabá, y el promedio diario es de 30 a 50 personas que pasaba por esa subregión en dirección a la frontera con Panamá, ha bajado sensiblemente debido a las restricciones, dificultades y riesgos para esos desplazamientos

Los cubanos han terminado por admitir su preocupación por el panorama político norteamericano con la llegada del nuevo presidente Donald Trump, desde el pasado 20 de enero, lo cual esa travesía por el Darién hacia Panamá es cada vez menos atractiva, al desaparecer la política migratoria conocida como de ‘pies mojados, pies secos’.

En Turbo y los municipios de chocoanos de Capurganá y Acandí, la situación ha cambiado: no se observan las concentraciones de extranjeros como otros días, y ni el represamiento de cubanos como el ocurrido el año pasado, cuando Migración Colombia tuvo que cumplir una serie de deportaciones y entrega masiva de salvoconductos.

Las autoridades colombianas y panameñas mantiene los controles para evitar el flujo masivo de migrantes que se convirtió en el principal dolor de cabeza a ambos lados de la frontera, una frontera que en algunas circunstancias también es porosa para otras actividades, especialmente ilícitas como el narcotráfico, el contrabando y el tráfico de personas.

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