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Alexei en la calle

El drama de los pacientes de Café Salud para reclamar medicamentos

Cientos de personas en Bogotá soportan largas filas y esperan horas, días y hasta meses para conseguir una pasta o una inyección.

Paula Ospina, de 30 años de edad, es una de los seis millones de afiliados que tiene la Entidad Promotora de Salud, EPS Café Salud. Hace cinco años y medio tuvo a su hija Valentina. La niña nació con microcefalia, problemas en el corazón, en el riñón, tiene que alimentarse con sonda y ha sido hospitalizada 30 veces porque depende de un cuarto de oxígeno cada 24 horas.

Para mantenerse con vida, Valentina necesita tomar 15 tipos de medicamentos diferentes al día, algunos en doble dosis más un alimento especial comercializado como Enteral Pediasure; todos para corregir sus fallas renales cardíacas y gástricas. Cada ocho días Paula tiene que ir de sede en sede en busca de todas las medicinas para su hija, además de pagar a una enfermera e insumos como jeringas y gasas.

Esta madre “trota calles” ha puesto innumerables tutelas, derechos de petición y quejas para mantener con vida a su hija: Cada semana hace largas filas, espera en salas atestadas de pacientes y recorre farmacias buscando los medicamentos necesarios para Valentina, alega con celadores, con quienes entregan las medicinas y hasta con otros pacientes pero jamás vuelve sin lo que necesita la niña.

La Superintendencia Nacional de Salud viene haciéndole seguimiento a un plan de choque en la EPS Café Salud que anunció la entidad para mejorar sus servicios que comenzaron a complicarse con la llegada, en noviembre del año pasado, de los pacientes de la liquidada SaludCoop.

Los compromisos de la EPS con la Supersalud en términos generales fueron: primero, garantizar la atención inmediata en casos de riesgo de vida; segundo, entregar los medicamentos necesarios para los tratamientos de los pacientes y, tercero, normalizar la red de prestación de servicios. Por ahora, según los pacientes, esto todavía no se cumple a cabalidad.

Otro temor de los usuarios tiene que ver con los recientes atentados en sedes de esta entidad. A comienzo de semana estallaron simultáneamente tres petardos en una sede del norte y otra del sur de Bogotá, hecho que investigan las autoridades y que atribuyen a intereses privados.

Mientras todo esto sucede, Paula sigue recorriendo sedes, salas de espera y farmacias esperando que algún día el Estado le garantice, con todas las de la ley, el derecho a la vida de su hija Valentina.

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