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Cúcuta mira con preocupación la frontera venezolana

Autoridades temen que efectos políticos de ese país, terminen generando más problemas sociales del lado colombiano.

La tensa situación política que se vive en Venezuela ha encendido nuevamente las alarmas en la zona de frontera con ese país, al advertir las autoridades sobre los efectos sociales que se pueden sentir en Cúcuta y su área metropolitana cuando se gestó la crisis binacional que generó la deportación de más de 20.000 colombianos.

En la ciudad temen "coletazos" por la falta de alimentos, medicamentos y por el desespero que hoy la asiste a colombianos residentes en ese país y venezolanos de salir a buscar mejores condiciones de vida al agudizarse los enfrentamientos entre el Gobierno y la oposición. La carencia de productos de primera necesidad, las medidas en el sector educativo, de transporte y comercio, que hoy se sienten en el Estado Táchira la zona más próxima a Colombia.

Para el gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, "el panorama es preocupante. Una situación como la que se vivió hace 9 meses hoy es insostenible por nuestra propia crisis, la del desempleo, el cierre de más de 2.000 establecimientos comerciales y la falta de un plan de intervención directamente del Gobierno sobre esta frontera. Por eso no estamos preparados".

A esa apreciación se sumó el alcalde de Cúcuta, Cesar Rojas, quien señaló que "esta ciudad con tantos problemas no resiste más desempleo e informalidad, la carencia de presupuesto y, sobre todo, que esto puede ser mayor que cuando se expulsó a los colombianos; de esto se está hablando, de la salida de venezolanos desesperados que quieren llegar a esta zona".

Los habitantes de frontera venezolana que se mueven por trochas, buscando el rebusque o intentado reacomodar su vida en el lado colombiano, aseguran que "esto no ha sido nada fácil, hemos tenido que acomodarnos en las esquinas vendiendo lapiceros, comprando cositas y haciendo 20.000 pesos diarios cuando ganamos, cuando no nos vamos en blanco, pero aguantamos hambre, nos trajimos a los chamos, allá todo está muy complicado", dijo Juan Acevedo, quien deambula entre el centro de Cúcuta y el corregimiento de La Parada.

El comandante de la Regional 5 de Policía, general Jaime Vega, dijo: "nosotros hemos venido trabajando en acciones tendientes a fortalecer la seguridad, es nuestro deber y misión y en eso hemos alcanzado importantes logros, desmantelando organizaciones criminales y neutralizando el acciones de personas de las dos naciones comprometidos en actividades delictivas. Más allá existe un trabajo coordinado con las diferentes entidades del Estado para responder institucionalmente y en eso estamos comprometidos con el gobierno nacional".

Desde la Academia, investigadores como Isabel Espinel, de la Universidad Francisco de Paula Santander, manifiesta: "la ciudad no tiene oportunidades laborales, hemos visto algunos venezolanos con actividades de peluquería, restaurante, pero lo que más preocupa es que acá no hay generación de empleo; entonces, ¿cómo responder a una demanda alta de necesidades?".

En Cúcuta cuando se originó la crisis binacional se generó un grave problema de asistencia humanitaria que tuvo respuesta con acciones que se promovieron desde diferentes estamentos del Estado colombiano. Aún están en esa ciudad 35 familias deportadas que se ubicaron en un asentamiento, pero que viven en condiciones muy difíciles.

En esa zona de frontera se mantiene el corredor humanitario y la afluencia de venezolanos buscando medicamentos "es el pan de cada día". Más de dos mil personas han llegado buscando medicinas que allá no consiguen y se devuelven a territorio venezolano, pero en sus rostros se refleja la angustia y el desespero por salir del territorio vecino.

"Nosotros no sabemos qué va a pasar, de pronto estalla una guerra civil, allá hay hambre, la gente se muere en hospitales, no hay nada, no hay bolos (dinero), estamos desesperados, queremos salir corriendo para acá, por lo menos en Colombia no se pasa hambre y se consiguen las cosas sin tanta violencia como la que sentimos allá", dijo Mayra, una mujer desesperada que pasó a territorio colombiano intentando salvarle la vida a un ser querido.

En ese país, se calcula que hay más de 50.000 colombianos. Algunos de ellos ya quieren cerrar el capítulo de sus vidas en Venezuela, ya no es lo mismo que cuando vivieron el auge económico y de bienestar que tuvo ese país, hoy lo que más les preocupa a quienes cruzan la frontera cumpliendo con las exigencias legales de las autoridades es el régimen de Nicolás Maduro y se preguntan... ¿Cuál será el desenlace? Pero ellos mismos responden: No sabemos cómo termine esto.

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