¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Viaje al corazón del caribe

De cómo un pescador terminó preso por pescar un tiburón en las playas de Cartagena

Esta es la historia de José Gabriel Girado, un humilde pescador que vivió un día preso por culpa de un tiburón

En medio de la fría brisa de la madrugada y el brío de las olas del mar Caribe que se estrellan contra la avenida Santander, José Gabriel Girado cuenta parte de su historia en el mar. Se empezó a escribir hace 60 años, cuando apenas contaba nueve abriles en su calendario, en las playas de Pasacaballos.

“Nací al lado del mar, desde pelaito ya nadaba y fue a los 9 que decidí montarme en una canoa por primera vez para una faena de pesca”, advierte este hombre robusto, de tez morena y con un rostro adusto, que parece inalterable. El joven José Gabriel pescó su primera presa al día siguiente, recuerda con alegría cómo un pargo rojo cayó en su anzuelo. “Ese pescado me lo comí yo solo, no lo vendí, fui derecho a la casa a decirle a mi mamá que me lo preparara”, recuerda.

La situación de los pescadores en la ciudad nunca ha sido la mejor, hay más de 350 que pertenecen a la Asociación de Pescadores de Cartagena, pero es muy poco lo que se hace por mejorar su oficio. “Nunca he recibido nada de nadie, de a poquito me hice con mi canoa, y me establecí hace 35 años aquí en las playas de Las Tenazas, así he mantenido a mi familia”, dice un orgulloso José.

Y no es para menos, con los recursos que se consiguió día a día, logró sacar adelante a sus hijos y hoy, uno de ellos vive en Panamá, y el mayor de ellos viajará pronto al exterior a cursar estudios superiores. En el ejercicio de la pesca, José ha vivido muchas cosas, pero siempre recordará una anécdota en particular, ocurrida hace 12 años, en un domingo de pesca.

“Cogí un tiburón que medía dos metros, lo atrapé con cordel, aquí cerquita a la playa. Inclusive, por ese tiburón me metieron preso, dizque porque era prohibido pescar esa especie. Cuando llegué a la playa apareció la policía y me decomisaron el pez”, relata Jorge, que ahora sí marca una leve sonrisa en su adusto rostro.

Jorge estuvo preso algunas horas, y debido a lo único del caso, hasta su celda llegó el comandante de la Policía de Cartagena, a quien Jorge no dudó en decirle “usted no cree que usted con su familia venga a darse un baño a la playa y un tiburón de estos se coma a su hijo, o hasta usted mismo. Yo lo cogí por eso, porque hasta a mí pudo hacerme daño en la lancha”.

Ante semejante respuesta, el comandante se sorprendió tanto, que en palabras de Jorge, “se echó a reír, me devolvió el tiburón y me soltó” y dicho esto por fin soltó una carcajada. Jorge no se acuerda de la especie de tiburón que pescó, recuerda que lo llevó a la Boquilla y allá una cocinera nativa hizo un platillo delicioso. Sin embargo, este simpático episodio, le valió el apodo del ‘tiburón Girado’.

“Ya mi familia no quiere que pesque, dicen que no hay necesidad. Pero yo no quiero renunciar al mar, a lo que siempre ha sido mi casa. Además, siempre me gusta tener algunos centavitos en el bolsillo para mis cosas”, dice José.

Cargando